Si la marea me alinea a encorar en tu mar,
con ostra de plata, advendré a su orilla.
Quizás desgastada mi coraza nácar,
que de un viejo océano guardó la humedad.
Acaso entre perlas la corola abierta,
y el amor en su fruto.
Y la fruta madura en su espacio.
Tal vez de los valles marinos laqueada,
de colisionar por entre las piedras.
Más si preservada en tu oleaje me lías,
acopiaré sempiterna…
Con el alma albina…
Intacta…
Y entera.
Irel Alma Gmz 2012
Poema editado en Antología “Huellas”

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